El Peronismo escogió desde el inicio al campo como uno de sus enemigos ya que el campo genera riqueza para toda la población, eliminando pobreza, y sin pobres no hay materia prima para el Peronismo.

Desde la creación del IAPI, que intervenía comprando la producción del campo de forma obligatoria muy por debajo de su real precio internacional, a las menciones en sus demagogos discursos del campo como enemigo de los pobres, no se entiende como poblaciones del interior productivo argentino que dependen del campo aún tienen intendentes y concejales peronistas.  Ni hablar de los diputados y senadores que, representando provincias que viven del campo (Córdoba, Santa Fé, Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos entre otras) votaron a favor de la nefasta ley 125 de Cristina Kirchner y Martín Lousteau que quería llevar la expropiación de las exportaciones de soja a un nivel del 45% de su valor de venta.

 

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